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EL MITO DE LA BELLEZA, El fenómeno Rosa López y la gordofobia retransmitida

  • 8 ene 2021
  • 5 Min. de lectura

Actualizado: 15 mar 2021

Me fascina "el fenómeno Rosa López". Lo he analizado durante estos años de una forma un poco obsesiva friki. Me encanta sacar de un tema popular un aprendizaje, pegarle mil vueltas de tuerca y proyectar una vomitona que a nadie interesa salvo a mí.


Tras leer "El mito de la belleza" de Naomi Wolf y con un recorridito a mis espaldas en el activismo contra la gordofobia, solo puedo decir que reafirmo mis ideas, con los matices que da el tiempo y las dos mil reflexiones por minuto que proyecta mi cabeza.


Empecemos por el principio. Karmentxu reflexionando.


Era el primer Operación Triunfo y fue un éxito de audiencia brutal. La industria de la música estaba en crisis y el formato era barato: tomar cariño a unas chicas y chicos jóvenes que viven encerrados en una casa, grabar discos de versiones como si fueran churros y venderlos a precios irrisorios. ¡BUM! ¡La gente los compraba en masa!


Supongo que todo el mundo sintió empatía por lxs concursantes: unxs jóvenes que quieren cantar, actuar, tener éxito, bailar, enamorarse, discutir... y el espíritu adolescente hizo el resto. Cada semana todo era devorado pasionalmente en una orgía de cifras y ventas que tuvieron que enriquecer a más de un productor.


Rosa López, una de las concursantes, subió en popularidad como la espuma pero su bajada también fue bastante palpable. Suele ser normal que esto ocurra en la cultura pop: las pasiones no se pueden mantener eternamente, no se puede sinvivir 24/7 por un ídolo por muy ídolo que sea y menos por un símbolo, lo que creo que realmente fue toda aquella Generación OT1.


En honor a la verdad, Rosa López ha seguido grabando discos, haciendo giras y participando en programas de televisión. Cualquier persona que quiera dedicarse a ser cantante se pegaría con un canto en los dientes con lo que ella ha conseguido. Sin embargo, creo que la subida que se esperaba que tuviera no fue tal (¿o simplemente era una estrategia para sacar rendimiento del concursante estrella, David Bisbal? Este es otro gran debate, pero no voy a abrir el melón, al menos no ahora).


Apuesto que ser mujer en un reality de estas características no ayuda. La mayoría de consumidoras del formato son mujeres que quieren enamorarse de un concursante masculino, todo muy hetero, todo muy platónico, todo muy años 90-2000.


Tampoco creo que le beneficiase el no tener un estilo más o menos definido, tanto en lo musical como en lo estético: Rosa tocaba todos los palos sin concretar nada. Porque una sabía que era David Bisbal, rizos, camisas blancas con pantalones acampanados y pop latino, estilo que además vendía mucho en aquella época, pero de Rosa solo recuerdo unas blusas con chorreras imposibles y poco más.


Además, tampoco es que Rosa haya tenido temas muy memorables o bailables. Y a mi personalmente ese despliegue de gritos así como el abusar del desgarro de voz (seguro que esto tiene una terminología específica que desconozco) tampoco me ha resultado muy atractivo, musicalmente hablando. Todo sumado ha contribuido a que "el fenónemo Rosa López" sea lo que es.


Pero vayamos a lo que me ocupa, al mito de la belleza.


Rosa López era gorda, bastante gorda, y pobre, y andaluza, con un acento bastante cerrado. El contrato estaba claro: ella podía participar en un concurso con proyección a cambio de transformarse lo que implicaba perder peso y aprender a vocalizar, entre otros. Rosa aceptó y para ello ocultó su procedencia: vivía en un barrio humilde de Granada, donde (teóricamente, no lo digo yo) no hay glamour (u otro glamour), ni tanta cultura (u otra cultura), ni tantos libros (u otros medios de transmisión de saberes).


Creo que no somos conscientes de que hemos visto en directo uno de los momentos más gordofóbicos jamás retransmitidos: Rosa era pesada cada semana en el concurso mientras "esta España mía, esta España nuestra" aplaudía cada bajada de kilos. Porque el éxito era y es eso: la delgadez.


La delgadez iba a darle a Rosa una carrera musical, el éxito, iba a poder llevar vestidos bonitos y los chicos guapos de la clase se iban a pelear por ella, iba a dejar de ser virgen y experimentar emociones fuertes. España iba a vivir todo eso a través de sus ojos y seríamos felices. Rosa sería visible, sería alguien, tendría reconocimiento, ese que da el físico. Porque por muy gorda que fuese hasta ese momento, Rosa solo había sido la niña gorda arrinconada que cantaba en bodas, bautizos y comuniones y que nadie ve. Porque a la gente gorda no se le ve aunque aparentemente ocupemos mucho.


Rosa López ganó el concurso y celebramos que Europa tenía tallas de vaqueros para ella. ¡Estaba yendo por el buen camino! Sin embargo, creo que poca gente reparó en todos los significados de aquel acto de gordofobia: Rosa siempre sería la gorda, la ex gorda, la que habla mal, la que no puede saltarse la dieta, la de una familia "terriblemente" gorda (esto no lo opino yo, son las etiquetas que se le han atribuido). A su vez, todas las artistas gordas tenían la obligación de cambiar, de hecho, todas las mujeres teníamos esa obligación, porque ella se estaba salvando, y aunque fuera a recoger las migajas siempre sería mejor que ser la gorda pobre andaluza.


Creo muy sinceramente que Rosa ha sufrido. Aunque no me he tomado un café con ella ni hablamos por whatssap, tengo la sensación de que se le dejó sin identidad, o con mil identidades, o con mil miedos y temores, porque Rosa no puede ver sus vídeos, no puede escucharse hablar, ni ver su cuerpo cuando era gorda. Por supuesto también habrá disfrutado de esta experiencia, no lo dudo, y tampoco la considero una víctima, pero sí creo que su relato está muy marcado por su gordura y por el sistema gordofóbico que envuelve todo. Que no haya sido una Beyoncé española no ha sido el resultado de esto pero algo habrá influido.


Diréis que lo que digo no tiene sentido, que ahora "está buena" y además algunas de sus compañeras, más normativas físicamente, han corrido la misma suerte. Lo primero, Rosa es una tía grande, jamás será diminuta, y eso sigue viéndose mal en una mujer. Lo segundo, dudo mucho que sus compañeras hayan vivido la presión y sufrimiento que Rosa ha experimentado, no solo en el concurso sino previo al mismo (fue víctima de acoso escolar por su peso).


Porque a Rosa López le persiguen los fantasmas de la gordofobia, la interiorizada y la que proyectan los demás, la que la industria de la música ejerce, porque una gorda, o una ex gorda, nunca podrá ser visible en los mismos términos que una delgada.


Hace poco lanzó "Vacío". No pega gritos, ni se desgarra la voz, y se agradece. No sé quién le ha compuesto el tema, ni si ella ha participado activamente, pero le han escrito lo que yo acabo de relatar, y es la primera vez que me emociono con uno de sus trabajos. Rosa libérate, gorda, o ex gorda, o grandota, o granadina, o pobre, libre, solo libre.



"El peso que cambió mi alma no fue el de la balanza fue el de la presión".



Rosa López, foto vista en:



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EstriadaFatActivism

Feminista. Roja. Rara. Bocazas. Solitaria. Mediocre. Gorda. Clase curranta. Senyora.

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Ni la más guapa. Ni la más lista. Pero tengo un puntito. Un puntito de brujilla.

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